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Diseño en la innovación pública: cómo el diseño entró al Estado chileno a través de un laboratorio de gobierno
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Diseño en la innovación pública: cómo el diseño entró al Estado chileno a través de un laboratorio de gobierno

Introducción del diseño para políticas públicas e innovación en el sector público chileno a través de un laboratorio gubernamental

Nicolás Rebolledo

Socio fundador y Director Creativo y de Estrategia, Public Design UNIT

OCTOBER 19, 2026

La tesis doctoral de Nicolás Rebolledo, Design in Public Innovation, presentada en el Royal College of Art, nace de una experiencia concreta. En mayo de 2014, el Gobierno de Chile anunció la creación de un laboratorio para promover un Estado innovador al servicio de las personas. Nicolás participó en ese proceso con un doble rol: como diseñador estratégico del Laboratorio de Gobierno y como investigador que reflexionaba sobre esa misma práctica. Mediante una metodología que él llama «investigación-acción a través del diseño», documentó cómo el diseño se usó para crear, implementar y operar un laboratorio en el nivel más alto del gobierno central.

La pregunta era urgente. En 2016 ya había 65 laboratorios de innovación pública en los países de la Unión Europea y 13 en América Latina, y la mayoría trabajaba con métodos de diseño. Sin embargo, la investigación mostraba que su impacto era limitado. El diseño solía quedar desconectado de los procesos de política pública y de las estructuras de poder, su conocimiento tenía poca legitimidad como evidencia y le costaba convertir los factores políticos y organizacionales del Estado en materia de diseño. La tesis responde a ese problema con un argumento central: el diseño puede integrarse al corazón del Estado, pero sólo si deja de tratar la política como algo externo a su trabajo.

Diseñar dentro de la política, no al margen de ella

El Laboratorio de Gobierno se creó en el centro del gobierno, donde las decisiones se toman bajo presión política, con plazos cortos y entre actores con intereses distintos. Ahí el diseño no podía limitarse a facilitar talleres o prototipar soluciones. Tuvo que participar en la definición del propio Laboratorio como instrumento de política pública, negociar su lugar con autoridades y servicios, y probar su valor en el mismo proceso en que se construía la institución.

De laboratorio a ecosistema

Una vez superadas las barreras de integración, el desafío fue escalar. El Laboratorio pasó de desarrollar productos propios a ofrecer, como un servicio, experiencias de innovación colaborativa guiadas por el diseño. Ese giro permitió que el diseño llegara a una parte mucho más amplia del sector público y que el Laboratorio diera origen a un ecosistema de innovación pública que fue más allá de la institución.

Aprendizajes clave

  • El diseño público es una actitud, no un conjunto de herramientas. El diseño tuvo impacto cuando se practicó como un enfoque abierto, flexible e integrador, y no como la aplicación de un método cerrado. Esa actitud permitió tratar los factores políticos y organizacionales (mandatos, jerarquías, tiempos, intereses) como parte de lo que había que diseñar, en lugar de verlos como obstáculos que impedían hacer «buen diseño».
  • Diseño y política se construyen juntos. La legitimidad no se obtiene solo con buenos resultados técnicos. En el Laboratorio, el trabajo de diseño y el trabajo político avanzaron entrelazados, generando confianza y capital social entre sectores. Esa red de relaciones fue lo que hizo posible colaborar dentro de las estructuras de poder reales del Estado.
  • Diseñar e implementar políticas son actividades interdependientes. El modelo clásico separa el diseño de una política de su implementación. La tesis muestra que, al entender el ciclo de las políticas como adaptativo y dinámico, ambas etapas pueden funcionar como actividades experimentales que se alimentan mutuamente: lo que se aprende al implementar corrige el diseño, y el diseño anticipa los desafíos de la implementación.
  • Escalar exige pensar el diseño como un servicio. Un laboratorio que solo desarrolla sus propios proyectos llega a pocas instituciones. El Laboratorio amplió su alcance cuando empezó a ofrecer experiencias de innovación colaborativa guiadas por el diseño, gestionadas como un servicio para otros organismos. Así, el diseño dejó de ser una capacidad concentrada en un equipo y empezó a instalarse en distintas partes del Estado.
  • Un laboratorio puede convertirse en ecosistema. Al consolidarse como un sistema de cocreación de valor, el Laboratorio articuló a funcionarios, organismos, universidades y profesionales del diseño en torno a una misma agenda. Su impacto ya no dependía solo de lo que hacía el equipo, sino de la red de innovadores públicos que ayudó a formar.
  • El diseño también debe aprender del Estado. El diseño no llega al sector público listo para usarse. Para funcionar, tuvo que adaptarse a las formas de pensar y de hacer del Estado, indagando en las prácticas culturales de funcionarios, autoridades y otros actores con la misma atención que se presta a las personas usuarias de un servicio.

Lo que dejó el Laboratorio

El Laboratorio de Gobierno se convirtió en un referente internacional e impulsó esfuerzos similares en la región. Muchas instituciones que trabajaron con el Laboratorio comenzaron a contratar diseño de servicios por su cuenta, lo que aceleró el crecimiento de esa industria en Santiago y contribuyó a la aparición de una escena de diseño de servicios en América Latina. La Universidad de Chile creó un diplomado en Diseño de Servicios Públicos para funcionarios y directivos, alojado, de forma significativa, en su Escuela de Gobierno y Gestión Pública. Además, los aprendizajes de la tesis influyeron en los programas de Diseño de Servicios y de Educación Ejecutiva del Royal College of Art.

Conclusión

La tesis propone reposicionar el diseño en la innovación pública, más allá de la idea estrecha del design thinking, como una actitud legítima para cambiar la forma en que se enmarcan los problemas públicos, como una actividad que no es ajena a lo político y como una capacidad organizacional para crear experiencias de colaboración a escala. Deja, además, un cuerpo de conocimiento documentado (modelos, procesos, marcos y métodos) sobre cómo diseñar e implementar un laboratorio de innovación en un sistema público de gran tamaño. Para Public Design UNIT, esta experiencia es también un punto de origen: lo que aprendimos en el Laboratorio sobre cómo se instala el diseño dentro del Estado sigue orientando nuestro trabajo hasta hoy.