
Desarrollar capacidades de diseño en los funcionarios públicos para transformar la política cultural
En colaboración con el British Council México y el Royal College of Art, UNIT desarrolló un programa de capacitación para funcionarios públicos mexicanos, introduciendo metodologías de diseño de servicios en el sector cultural para fortalecer la capacidad de los equipos gubernamentales para desarrollar políticas y programas centrados en las personas.
Políticas culturales: diseñar para las personas vs diseñar con las personas
La economía creativa de México es una de las más complejas de América Latina: una red de industrias culturales, sectores artesanales, producción audiovisual y empresas basadas en el patrimonio cultural que da empleo a millones de personas y moldea la identidad global del país. Sin embargo, los funcionarios públicos responsables del desarrollo de este sector —directivos y empleados de ministerios y organismos culturales— a menudo trabajaban sin las herramientas necesarias para diseñar servicios y políticas desde la perspectiva de aquellos a quienes debían servir.
La lógica tradicional en políticas culturales está orientada al suministro: las instituciones diseñaban programas basándose en los recursos disponibles, los criterios de los expertos y las prioridades sectoriales, con mecanismos limitados para incorporar la experiencia vivida de los creadores, las comunidades o los usuarios. Esta limitación se traducía en una persistente brecha entre la intención política y la realidad ciudadana, resultado no por mala fe, sino porque las habilidades necesarias para superarla estaban en gran medida ausentes en la administración pública.
En 2019, se creó la Secretaría de Cultura de México, una decisión trascendental que redefinió la estructura institucional del Estado mexicano para la promoción y preservación cultural. Este nuevo contexto institucional brindó una importante oportunidad para el cambio: el liderazgo de la Subsecretaría de Desarrollo Cultural estaba abierto a la innovación. El reto consistía en activar esa apertura mediante una experiencia estructurada que pudiera generar nuevas mentalidades y capacidades, y no solo transmitir información.
El La barrera era metodológica: los funcionarios públicos conocían profundamente sus sectores, peroRara vez se les había pedido que replantearan los desafíos políticos desde una perspectiva centrada en el ser humano, que identificaran sistemáticamente a las partes interesadas, que crearan prototipos de soluciones antes de comprometer recursos o que trabajaran en equipos colaborativos que trascendieran las fronteras disciplinarias.Se trata de capacidades de diseño, y estaban prácticamente ausentes de las herramientas que utilizaban los profesionales de la política cultural.
Lo que se necesitaba no era unseminarioSin embargo, se trata de una experiencia inmersiva y práctica que podría cambiar la forma en que los funcionarios públicos abordan sus propios problemas, y dotarlos de habilidades que podrían aplicar la semana siguiente.
No es frecuente que el diseño y el gobierno se agrupen en la misma categoría. El Programa de Políticas Creativas defiende la necesidad de cambiar la norma y repensar.El papel de la creatividad como elemento central en el desarrollo de agendas públicas inclusivas, innovadoras y de mayor duración.
Convertir a los funcionarios públicos en diseñadores centrados en el ser humano.
UNIT codiseñó el programa con el Royal College of Art y con el equipo del British Council en México. La premisa metodológica del programa era clara: los funcionarios públicos no aprenderían las herramientas adecuadas para el diseño de servicios solo con oír hablar de ellas; las habilidades debían ponerse en práctica, en desafíos políticos reales de sus propias instituciones, con colegas reales y en tiempo real.
El programa comenzó con una fase informativa en la que UNIT colaboró con líderes institucionales para identificar cuatro desafíos políticos clave que enfrenta la economía creativa mexicana: el acceso a la infraestructura cultural; las capacidades y la profesionalización de los agentes creativos; la valorización del patrimonio cultural; y los modelos de sostenibilidad para las industrias culturales. Estos desafíos se convirtieron en los objetivos de diseño con los que trabajaron los participantes a lo largo del programa.
Organizados en equipos interdisciplinarios, los participantes siguieron una versión condensada del proceso de diseño Double Diamond. Un módulo introductorio fomentó la comprensión compartida de los principios del diseño de servicios y los conceptos de la economía creativa. En la fase de exploración del problema, los equipos utilizaron herramientas de mapeo estructurado para analizar el desafío asignado desde una perspectiva sistémica, identificando a las partes interesadas, los recursos existentes, las barreras estructurales y las áreas de oportunidad. Esta fase requirió que los participantes tomaran una postura respecto al desafío, en lugar de simplemente describirlo, una práctica poco común en el trabajo político convencional.
En la fase de diseño de la propuesta, los equipos pasaron de la definición del problema al desarrollo de la solución: generaron ideas, las agruparon en torno a oportunidades estratégicas y dieron forma a cada concepto mediante un proceso de captura conceptual que respondía a cinco preguntas: qué es, a quién va dirigido, cómo funciona, cómo resuelve el problema y cómo se medirá su impacto. Posteriormente, los participantes crearon perfiles de usuario y guiones gráficos para prototipar y probar sus propuestas con sus compañeros. El programa concluyó con presentaciones de los equipos a la dirección del ministerio, incluyendo planes de acción priorizados para aplicar lo aprendido en el trabajo diario.
El cambio de enfoque fue fundamental. Los participantes pasaron de una perspectiva centrada en la oferta —¿qué podemos ofrecer?— a una centrada en la demanda: ¿qué necesitan realmente las personas a las que servimos y qué les impide acceder a ello? Esta reorientación, puesta en práctica ante desafíos institucionales reales, constituye la base del diseño de servicios como capacidad de innovación pública.
Más que un taller de capacitación, el programa instauró una nueva forma de abordar los problemas públicos.
Impacto
22
Los funcionarios públicos participaron en la primera edición del programa en 2019.
2
Ediciones del programa impartidas en todo México en 2019 y 2021.
4
Documentos de diseño de políticas que abordan la economía creativa: acceso, capacidades, riqueza cultural y sostenibilidad.
1
Kit de herramientas de implementación de acceso abierto publicado bajo licencia Creative Commons.
Redes y colaboraciones
El proyecto se desarrolló en colaboración entre el British Council México, como coordinador y financiador del programa, y el Programa de Diseño de Servicios del Royal College of Art, que aportó el diseño metodológico. UNIT codiseñó la arquitectura de facilitación y lideró la implementación junto con el tutor del RCA, Nicolás Rebolledo.
La primera edición contó con la participación de directores y altos ejecutivos de diez instituciones pertenecientes al ecosistema de la Secretaría de Cultura, entre ellas Canal 22, la Cinemateca Nacional, el Instituto Nacional de Bellas Artes, la Fonoteca Nacional, el Centro de Cultura Digital y la Escuela de Cine. La segunda edición, celebrada en 2021 para el estado de Puebla, amplió el programa a un nuevo contexto territorial. Un ponente invitado del UK Policy Lab aportó una perspectiva comparativa internacional a ambas ediciones.
Cuando los funcionarios públicos diseñan políticas desde adentro hacia afuera
El resultado más significativo no fueron las propuestas políticas elaboradas por los equipos, sino el cambio en la forma en que los participantes comprendieron su propio papel en relación con las personas a las que sirven.
Los participantes que completaron el programa informaron haber adquirido nuevas capacidades para estructurar debates, definir problemas antes de pasar a soluciones y comprender la complejidad de la implementación de políticas desde una perspectiva integral.perspectiva de sistemas.Las principales áreas de aprendizajeLa identificación de las partes interesadas, la definición del problema, la incorporación de múltiples perspectivas y las técnicas de generación de ideas son precisamente las capacidades que el diseño de servicios aporta al trabajo político. Las encuestas posteriores al programa mostraron que el 81 % de los participantes lo consideraron directamente relevante para su área de trabajo, y el 69 % informó haber adquirido nuevas habilidades o capacidades.
Los participantes describieron la experiencia del trabajo colaborativo como transformadora.: la oportunidad de abordar un problema con un equipo diverso, de sacar a la luz la riqueza de la inteligencia colectiva en lugar de depender de la experiencia individual, y de desarrollar soluciones en diálogo con pares de diferentes instituciones.contextosEsto no es algo incidental a la metodología de diseño de servicios, sino que constituye su lógica central, aplicada al sector público.
Para que el programa tuviera un impacto duradero, debía ser replicable más allá del grupo original. El kit de herramientas de implementación, publicado abiertamente bajo licencia Creative Commons, traduce la metodología en una guía práctica que cualquier facilitador puede adaptar. Al documentar los principios, las herramientas, las plantillas y los enfoques de facilitación, amplía el alcance del programa a instituciones que no participaron y permite que las futuras ediciones se basen en el aprendizaje acumulado.
La segunda edición en Puebla validó la replicabilidad territorial del modelo, adaptándolo a un contexto estatal con diferentes estructuras institucionales y prioridades políticas. Esta transferencia demostró que el valor del programa no es específico de ningún entorno institucional en particular, sino que se basa en una metodología lo suficientemente sólida como paraviajar.
El diseño de servicios como capacidad de innovación pública para América Latina
El Programa de Políticas Creativas opera en la intersección de dos transiciones que están reconfigurando la gobernanza en América Latina. La primera es el creciente reconocimiento de que el diseño —y específicamente el diseño de servicios— no es solo una herramienta para mejorar las experiencias de los usuarios, sino una capacidad para abordar los problemas complejos de las políticas públicas: desafíos complejos, controvertidos, contextuales y resistentes a las soluciones impuestas desde arriba. La segunda es la expansión de la economía creativa como ámbito político, pasando de un enfoque limitado a las industrias culturales a una concepción más amplia de la creatividad como motor de la transformación social.
Este programa demostró que los funcionarios públicos no se resisten a la innovación, sino que la buscan con entusiasmo. Cuando se les proporciona una metodología estructurada, problemas reales en los que trabajar y un espacio para la colaboración genuina, elaboran propuestas políticas creativas y rigurosas. La limitación rara vez radica en la motivación, sino en la metodología. Los gobiernos que invierten en el desarrollo de las capacidades de diseño de sus funcionarios públicos invierten en su capacidad para resolver problemas, en lugar de limitarse a administrar programas.
Este caso también demuestra el poder de las alianzas de diseño interinstitucionales. La colaboración entre una organización internacional británica, una escuela de diseño líder a nivel mundial y una consultora latinoamericana de innovación pública reunió capacidades complementarias que ningún actor individual podría haber reunido por sí solo. El British Council aportó capacidad de convocatoria y una perspectiva internacional sobre políticas de economía creativa. El Royal College of Art (RCA) aportó profundidad metodológica y credibilidad en la investigación. UNIT aportó conocimiento contextual, experiencia en facilitación y la capacidad de adaptar la metodología a las condiciones específicas de la administración pública mexicana.
Este conjunto de herramientas de acceso abierto pone estas lecciones al alcance de cualquier institución que desee aprovecharlas. Publicado en español e inglés, ofrece una guía de implementación completamente documentada que puede adaptarse a diferentes contextos, sectores y escalas, desde ministerios nacionales hasta gobiernos subnacionales y organizaciones de la sociedad civil. En una región donde la capacidad de innovación pública sigue estando distribuida de forma desigual, poner este conocimiento a disposición del público de manera gratuita constituye, en sí mismo, un acto de generación de valor público.
El Programa de Políticas Creativas demuestra que la cuestión ya no es si el diseño y el gobierno deben ir de la mano, sino cómo desarrollar las capacidades, crear los espacios y fomentar las alianzas que hagan que esa combinación sea sostenible a gran escala.
