
Facilitar la coordinación intersectorial mediante metodologías de diseño
UNIT trabajó con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para fortalecer la coordinación intersectorial en las Industrias Culturales y Creativas (ICC) de la región Sur-Sudeste de México, incorporando metodologías de diseño e inteligencia colectiva para producir una plataforma sostenible para generar valor público.
La coordinación intersectorial como problema de diseño
Durante más de una década, el BID ha promovido las Mesas Redondas Ejecutivas como instrumentos para la coordinación público-privada para abordar cuellos de botella en sectores estratégicos. Estas mesas redondas reúnen periódicamente a representantes del sector público, el sector privado y el mundo académico para identificar obstáculos productivos, acordar prioridades y definir acciones conjuntas.
Sin embargo, la mera convocatoria de actores no garantiza resultados sostenibles. En contextos complejos, estos espacios se enfrentan a desafíos recurrentes: agendas amplias sin una priorización clara, acuerdos que no siempre se traducen en hojas de ruta operativas y dificultades para dar seguimiento a los compromisos intersectoriales a lo largo del tiempo.
En el sur-sureste de México —una región fundamental para el desarrollo productivo del país— este desafío se hizo particularmente evidente en las industrias culturales y creativas y su vínculo con el turismo.
El sector cultural e industrial abarca actividades como la artesanía, la producción audiovisual, las artes escénicas, el diseño, la música y el turismo cultural. Lejos de ser un sector homogéneo, constituye un complejo ecosistema productivo donde múltiples actores —públicos, privados y comunitarios— interactúan a través de cadenas de valor que abarcan la cultura, el desarrollo económico y la promoción turística.
El ecosistema poseía un importante potencial económico, pero también adolecía de fragmentación institucional, informalidad y escasa coordinación entre cultura, desarrollo económico y promoción turística. El desafío no radicaba en la ausencia de capacidades o actores sectoriales, sino en la forma en que interactuaban. Si bien existían iniciativas, instituciones y talento en todo el territorio, no había un modelo de colaboración capaz de alinear los esfuerzos dispersos en agendas estratégicas compartidas y sostenibles.
Transformar la coordinación en acción estratégica
En 2022, el BID contrató a UNIT para que apoyara la instalación y el funcionamiento de las Mesas Redondas Ejecutivas en Yucatán, Campeche, Oaxaca y Chiapas. El mandato no consistía simplemente en facilitar encuentros, sino en estructurar la capacidad operativa de estos espacios para traducir los diagnósticos compartidos en decisiones estratégicas y planes de acción concretos.
Para lograrlo, UNIT se basó en el instrumento existente, incorporando una metodología de innovación colaborativa fundamentada en el diseño de servicios y la inteligencia colectiva para organizar procesos de investigación territorial, priorización estratégica y seguimiento intersectorial.
La intervención consistió en la formación y el apoyo a grupos de trabajo intersectoriales —compuestos por representantes del gobierno estatal, el sector privado, la academia y la sociedad civil— mediante procesos de escucha activa, mapeo de barreras estructurales y sesiones de codiseño destinadas a definir agendas prioritarias.
Durante dos años, el proyecto apoyó la consolidación de estos espacios como instancias de trabajo permanentes, fortaleciendo su capacidad para transformar el consenso en hojas de ruta intersectoriales y líneas de acción priorizadas vinculadas a las economías creativas y el turismo en cuatro estados del sur-sureste de México.
Las industrias creativas rompen con los esquemas establecidos y generan oportunidades, pero necesitamos trabajar de forma intersectorial y con equipos multidisciplinarios.
¿Cómo se transforman las mesas redondas de coordinación en plataformas de colaboración sostenibles?
La experiencia del Sur-Sudeste demostró que la creación de espacios intersectoriales no es suficiente por sí sola. El reto no consistía en convocar a más actores, sino en diseñar una metodología que permitiera mantener la colaboración a lo largo del tiempo y traducir el diálogo en decisiones estratégicas y acciones concretas.
Escucha activa: Investigar antes de diseñar
UNIT visitó los tres estados para reunirse con creadores, artistas independientes, gestores culturales, organizaciones privadas y funcionarios públicos. Mediante sesiones de escucha activa, se elaboró un mapa compartido de las barreras estructurales: informalidad, falta de datos, escasa asociatividad, ausencia de canales de comercialización y desconexión intersectorial.
Este proceso sirvió tanto para diagnosticar como para generar confianza: escuchar antes de proponer posicionó a los actores como protagonistas del proceso.
Codiseño: Construyendo estrategias juntos
Con el mapa de obstáculos en mano, UNIT facilitó sesiones de codiseño con equipos especializados en cada estado —funcionarios públicos de nivel medio a superior— combinando herramientas de mapeo, priorización colectiva y diseño estratégico.
El proceso incluyó capacitación en innovación pública, facilitación e inteligencia colectiva, lo que garantizó la posterior autonomía operativa.
Grupos de trabajo permanentes: del acuerdo a la hoja de ruta
Las sesiones intersectoriales reunieron a representantes del gobierno, el sector privado, la academia y la sociedad civil para elaborar estrategias basadas en el consenso. UNIT facilitó el trabajo y brindó apoyo metodológico para transformar los acuerdos en hojas de ruta intersectoriales y líneas de acción priorizadas.
La lógica pasó de ser una "mesa redonda de acuerdos" a una "mesa redonda de construcción": los actores investigaron, priorizaron y diseñaron juntos.
Impacto
4
Estados de la región Sur-Sureste de México
+200
Personas involucradas en el proyecto e instancias de coordinación intersectorial.
+80
Instituciones y organizaciones participantes.
+75
Compromisos intersectoriales acordados.

Activación de ecosistemas creativos mediante la inteligencia colectiva
Como resultado, las Mesas Redondas Ejecutivas ampliaron su capacidad operativa y consolidaron mecanismos de trabajo intersectoriales sostenidos, fortaleciendo la traducción de diagnósticos compartidos en agendas estratégicas concretas. Más allá de la simple instalación de mesas redondas, el proceso apoyó la formación y maduración de espacios de trabajo permanentes en Yucatán, Campeche, Oaxaca y Chiapas, con capacidad para mantener el diálogo y convertirlo en acciones.
En este marco, el proyecto produjo avances concretos:
- Cuatro mesas redondas ejecutivas se consolidaron como espacios permanentes de coordinación intersectorial, evolucionando de meros puntos de conversación a plataformas de trabajo orientadas a resultados.
- Una metodología de innovación colaborativa, basada en la investigación territorial, la escucha activa, el mapeo de barreras estructurales y el codiseño estratégico, aplicada a la activación de ecosistemas productivos complejos.
- Hojas de ruta intersectoriales elaboradas de forma conjunta para abordar los cuellos de botella identificados en cada territorio y orientar las líneas de acción priorizadas.
- Dos publicaciones del BID que sistematizan la experiencia y documentan los aprendizajes y los factores críticos para activar ecosistemas creativos desde una perspectiva intersectorial.

Por estado
Yucatán: Se han logrado avances en la estructuración de una agenda para una comisión estatal de cine, que vincule el sector audiovisual con el turismo y el desarrollo económico para crear las condiciones propicias para la industria.
Oaxaca: Consolidación de un sistema de gestión para productores artesanales, orientado a formalizar y visibilizar la cadena de valor del sector.
Campeche: Definición de las bases estratégicas para un ecosistema creativo integrado bajo la visión del “Campeche Creativo”, fortaleciendo la gobernanza intersectorial.
Chiapas: El trabajo se centró en el sector artesanal, con énfasis en la profesionalización y la comercialización.
En conjunto, estos avances contribuyeron a la construcción de bienes públicos intersectoriales, cuya consolidación siguió estando sujeta a la continuidad institucional en cada Estado.
La CCI como ecosistema intersectorial
Las industrias culturales y creativas abarcan actividades tan diversas como la artesanía, la producción audiovisual, las artes escénicas, el diseño, la música y el turismo cultural. Lejos de ser un sector homogéneo, conforman un complejo ecosistema productivo donde múltiples actores —públicos, privados y comunitarios— interactúan a través de cadenas de valor que abarcan la cultura, el desarrollo económico y la promoción turística.
En el sur-sureste de México, este ecosistema combinaba un importante potencial económico y simbólico con persistentes brechas estructurales: altos niveles de informalidad, escasa disponibilidad de datos sectoriales, baja asociatividad y débil integración entre la oferta cultural y las estrategias de desarrollo turístico. La fragmentación institucional dificultaba que estos sectores operaran de manera articulada, limitando su capacidad para generar un impacto sostenido.
En este contexto, la coordinación intersectorial no fue simplemente un desafío organizativo, sino una condición habilitante para activar el ecosistema productivo. Por lo tanto, diseñar mecanismos de colaboración eficaces se convirtió en una estrategia clave para transformar las capacidades dispersas en desarrollo compartido.
Cada sector creativo tiene su propio potencial, pero se potencian mucho más entre sí cuando trabajan juntos.
